lunes, marzo 19, 2007

Lecciones de periodismo

Cierto que el otro día decía que no me gusta salirme mucho del tema de este blog, pero lo cierto es que hoy me he vuelto a ver en la necesidad de contar esto aquí. Quizá es que me apetezca hablar también de otras cosas o quizá es sólo casual. El tiempo lo dirá.

Lo cierto es que hoy me he encontrado con un espectacular reportaje de John Carlin en El País y me he visto obligado a reproducirlo.

Soy periodista de vocación. De esos que desde muy pequeño sabía lo que querría ser de mayor. Y no me preguntéis por qué. Me lo pedía el cuerpo. Quería ser de esos locos que se dedican a contar cosas. Luego, uno se hace mayor, sigue estudiando en el colegio y después en la Universidad para conseguir el título de Periodista que siempre ha ansiado. Y, luego, a trabajar de periodista (pasando por el paro, claro... que somos muchos y hay pocos que nos busquen). Y yo, sinceramente, estoy encantado. No hay nada como trabajar en lo que a uno le apasiona.

Sin embargo, lo curioso es que con el paso de los años, según uno se iba haciendo mayor, el periodismo como tal, el que ve en los periódicos, el que escucha en la radio, el que ve en la televisión, no es el que a uno le gustaría. No tiene nada que ver. Pocas son las veces que me he encontrado con algo que me recordara esa súbita e inconsciente necesidad casi primigenia de mi infancia que me hizo ver que lo mío se encontraba en esta profesión. Muy pocas. Pocos son los artículos leídos que me han llenado. Pocos son los artículos no manchados por ideologías políticas y presiones económicas (sean o no inconscientes). Pocos programas de radio me recuerdan la esencia de esta preciosa forma de ganarse la vida. Menos son los programas de televisión que me fascinan periodísticamente.

Pero hoy, sí, hoy, ha sido el día en el que me he vuelto a reencontrar con mi vocación, conmigo mismo, con mi pasado, con mi presente y con mi futuro. Hoy me he reencontrado con ese espíritu de narrador de historias que me ha llenado, que me ha puesto los pelos de punta, que me ha transportado al mundo de los lugares y las acciones en los que uno nunca ha estado pero que ha sentido como suyas.

Os invito a leer este excepcional reportaje. Merece la pena. A mí me ha alegrado el día. Es como un guión cinematográfico en formato de bolsillo. Una historia fascinante.