martes, mayo 22, 2007

Pròxima Obertura


Hoy toca hacer otra de esas reseñas que uno hace con gusto. No todos los días se tiene la opción de poder hablar de algo que ha creado alguien a quien conoces. Lo cierto es que nunca había sido fetichista. O eso creo. Y si digo había es porque, parece ser, ahora empiezo a serlo. Y si digo que eso creo, es porque nunca me lo había planteado. Supongo. Digo. Imagino.

Pero, la verdad, es que esto de tener un juego firmado y dedicado por sus autores y recién salidito del horno es una auténtica gozada. Por eso, desde que Pròxima Obertura cayó en mis manos, he estado ansiando su estreno. Y no he tardado mucho en probarlo.

Pròxima Obertura es un juego de Oriol Comas y Jep Ferret, dos diseñadores catalanes que no solo crean arte sino que, además, lo difunden por los poros. Buena gente, oiga. Pero, tranquilos, que no he venido aquí a hablar de mi libro. Vaya, que no voy a pelotear a nadie (si no lo merece, claro). Que no es mi estilo.
Está diseñado para jugar de 3 a 5 personas y las partidas duran más o menos una horita y algo. Este juego fue diseñado a petición del Ayuntamiento de Barcelona con motivo del fin del Año del Comercio en la Ciudad Condal.

Lo primero que llama la atención es la caja: es chula la tía. Colores vivos, tamaño justo y buena apariencia. Es de las que entra por los ojos. Hay quien dirá que demasiado "rimbombante": muchos violetas y rosas, formas y colores... Sobre gustos no hay nada escrito, dicen.
En cuanto al diseño, me recordó cuando lo vi a Ágora Barcelona. Cuando le pregunté a Jep sobre si el diseñador era el mismo, la noche del sábado despúes de miles de horas (o más) jugando de seguido, su respuesta fue tan contundente como aclaratoria (o no): "Mmm. No. Espera, sí. Bueno...Eh...". Y ahí quedó la cosa, que ya era tarde.

El tema

Pero, ¿de qué va el juego? Ante todo, hay que dejar claro que estamos ante un juego familiar. Ni más ni menos. Quien espere encontrarse el sumun de la estrategia, que se abstenga. Pero quien pretenda pasar un rato divertidísimo con todo tipo de gente (jugona o no), tiene una oportunidad tremenda.

La idea es bastante sencilla: hay una calle comercial llena de tiendas por abrir (el tablero, por cierto, es precioso y original; apaisado). Hay cinco tipos de tiendas (cada una, un color, correspondiente a cada jugador). Hay cinco tipos de productos por tienda (cada uno, un icono y un dibujo demostrativo en las cartas). Las tiendas son fichas que se ponen sobre unas peanas y tienen un multiplicador (x1, x2 o x3) y que son fundamentales para el recuento final. Los productos son cartas (cada una, como decíamos, con un color -según la tienda-, con un símbolo -según el producto tipo- y con un número -del 1 al 5-). Y hay un par de dados que muestran en sus caras colores (los de las tiendas y uno blanco).

Esto es lo que hay. Pero, ¿qué hay que hacer? Pues cada jugador comienza con un número de cartas en la mano y tiene como objetivo abrir las mejores tiendas de la zona. Cuando se construyen 15 tiendas, se recuentan los puntos y el que mejor lo haya hecho, gana.

Por tanto, hay que abrir tiendas. Para abrir tiendas se necesita juntar cuatro cartas del mismo color y con cuatro productos diferentes. Como cada carta tiene un número, cuanto más alto sea el número, más puntos valdrá esa tienda. Además, el multiplicador -impulso comercial- (hay que decidir cuándo usar el x3 -sólo hay uno-, los x2 o x1) es fundamental para conseguir hasta triplicar los puntos.
Además, se pueden ampliar las tiendas con un quinto producto distinto en fases posteriores. Y si consigues concatenar tiendas, sumas más puntos (estos pueden ser fundamentales).

Ojo: no se pueden abrir tiendas del mismo tipo si ya hay una tienda al lado o en frente. Que la competencia así, tan directa, como que no mola.

La mecánica

Ya hemos visto lo que hay que hacer y el tema, pero no hemos visto el cómo, que, a la postre, suele ser lo que más nos interesa a los jugones. Pues bien, Pròxima Obertura, si bien no ha inventado nada, sí que tiene un entretenidísimo sistema de juego que se nota que ha sido bien probado por Oriol y Jep para que no haya fisuras.
Se trata de un juego de cartas y de negociación y recuerda, en muchas ocasiones, al Colonos de Catán.

Los jugadores pueden negociar entre sí, lo que supone la parte más entretenida del juego. En las reglas vienen ciertas restricciones a la hora del intercambio, pero cierto pajarillo me chivó, con puño y letra (mil gracias) algo así como "ni puto caso a las reglas". Y como hay pájaros y pájaros, y entre pájaros nos entendemos, eso hice. Y me lo pasé en grande. La idea es ir ofreciendo cosas que te valgan poco e ir consiguiendo cartas que te vengan mejor. Pero, claro, con cuidado de no favorecer demasiado al rival.
En lugar de negociar, o si no lo consigues, puedes robar una de las cuatro cartas boca arriba que hay disponibles (que las hay; no lo dije antes porque lo digo ahora; preogrullo dixit). Pero, si lo haces, tienes que descartarte. Es un cambio arriesgado pero que puede ser interesante.

Una vez se ha negociado (o no, depende de los mamones de los rivales a la par que amigos), se puede poner una tienda si se tienen cuatro cartas con distintos productos del mismo color. Después, se tiran dos dado. Si el azar te favorece (los dados muestran tu color), robas una carta por la cara más una más por cada tienda abierta. Si no, ajo y agua, que dicen en mi barrio. Luego, quien tenía el turno roba tres cartas.

Pero, claro, hay otro elemento en juego: el ladrón. Ese ladrón que vuelve a recordar al Catán y que te obliga a descartarte si tienes cierto número de cartas. Hay cuatro ladrones en juego. Según van saliendo varios, puedes tener aún menos cartas. Un cabroncete, vaya.

Y así se va jugando hasta que se llega a 15 tiendas. Al final, se cuentan los puntos de cada uno en sus tiendas (sumando el número de cada producto que la compone), se multiplican por el impulso comercial y se añaden extras: tiendas consecutivas o tiendas del mismo tipo. Y el que mejor lo haya hecho, gana.

Materiales

Como decíamos, la caja y el tablero son de primera calidad y son muy chulos. Las fichas y las cartas están bien pero es cierto que podrían haber sido algo más consistentes. Las peanas para las fichas de tienda, molan. Y los dados también. Ah, y las instrucciones vienen en varios idiomas: otro punto a favor.

Conclusiones

Pròxima Obertura es un juego absolutamente familiar de esos que nunca estorban en cualquier casa. Es una de esas opciones recurrentes para cuando no se sabe qué sacar que guste a todo el mundo. Porque gusta. Se aprovecha de la mecánica de negociación del Catán (qué grandes tardes nos ha dado a todos) para enganchar al no ducho, pero tira de la táctica a la hora de tener que saber hacia dónde se quiere ir: hay que tomar decisiones constantes en el sentido de que uno nunca sabe de forma fácil (salvo una suerte enorme en un robo de cartas) qué tipo de productos podrá conseguir mejor y de cuáles desprenderse. Sin pasarme y sin quedarme corto, y salvando las distancias, puedo decir que veo cierto aire al Schotten Totten en la forma de jugar las cartas (quizá será por el amor tan directo que existe entre Oriol y el Battle Line -su hermano yankie-; por cierto, juro que vi la famosa baraja de Oriol y que la llevaba encima durante el fin de semana. No es una leyenda urbana, no).

Fijaos si gusta, que tengo un amigo (saludos, Pepe), a quien no es nada fácil oirle una aprobación para casi nada en la vida (siempre encuentra alguna pega a todo, el tío cenizo) y en una partidita, la primera, dijo al terminar, y sin que nadie le preguntara: "Ah, pues está bien el jueguecito... Me gusta". Se hizo el silencio, sonaron campanas celestiales y me la apunté en el subconsciente para ponerla por aquí.

En fin, que un gran acierto de Oriol y Jep. Jep y Oriol. Un juego más que recomendable, sí, sí. Una lástima que en España nos cueste tanto valorar lo que hacemos por aquí y nos vayamos tan lejos para admirar a otros cuando tenemos, de sobra, talento a pocas horas de coche.